No todo son malas noticias

Últimamente han cambiado cosas en mi entorno y para bien. Es raro que ésto me suceda, la verdad. Estoy acostumbrada a ser bastante gafe en todos los aspectos y no pensaba que fuera a llegar nunca una buena racha. Pero así ha sido. Y el motivo no puede ser otro que alguno de mis jefes haya tenido una epifanía y haya decidido cambiar de vida. O que hayan leído este blog, que también podría ser. Para lo que quieren son astutos como zorros, aunque, sinceramente, no creo que sea éste el caso. Sea como sea, últimamente me van bien las cosas en el ámbito laboral y estoy más animada. Estoy cobrando el sueldo más alto que he tenido en mi vida (que, lamentablemente, tampoco da para vivir independientemente). Vamos, que sigo intentando huir de la “generación perdida”, con esperanza de conseguirlo, pero sin atisbar un horizonte a corto plazo. Y esta son las novedades de mi vida. ¡Ah! Y también van a llegar esclavos becarios -perdón, ha sido el corrector- a mi empresa y creo que al menos uno de ellos “me pertenecerá”. Intentaré que aprenda y no que trabaje, dentro de las limitaciones evidentes que tengo.

No sé cuánto durará mi buena suerte, pero os mantendré informados.

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